El manejo de Imágenes de Alto Rango Dinámico
o (High Dynamic Range Images, HDRI) nos trae al mundo de la fotografía una
serie de técnicas nacidas en los años 90 para aplicar iluminaciones
complejas sobre objetos 3D. La poca eficacia de las cámaras digitales a la
hora de capturar escenas con grandes contrastes de luminosidad se resuelve
combinando varias tomas en una imagen única, con una escala de valores
numéricos virtualmente infinita. Por Paulo Porta
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En el anterior artículo comentábamos varias de las
técnicas que ayudan a solucionar el problema del exceso de contraste a partir
de una toma única, con ajuste selectivo o doble revelado RAW.
Actualmente, se están popularizando las imágenes HDR. Por
desgracia, éstas se limitan a escenas estáticas, ya que requieren la
posibilidad de hacer varias tomas diferentes del mismo sujeto.
La idea básica consiste en combinar varias tomas idénticas con
diferentes exposiciones. La imagen resultante debe reflejar los detalles de
cada zona, como lo hubiese hecho una película o un sensor que fueran capaces
de abarcar todo el rango de luminosidades de la escena.
Las tomas deben hacerse variando únicamente el tiempo de
exposición, ya que al variar el diafragma se apreciarían diferencias en la
profundidad de campo. Todas ellas captan el mismo rango de luminosidades real,
pero la diferencia de tiempo hace que cada una registre de forma óptima una
parte de este rango:
La diferencia no debe ser tan exagerada como muestra el gráfico.
Usualmente, el tiempo de cada toma es del doble o el triple que la anterior,
de manera que se solapan mucho y son más numerosas. Algunos programas que
realizan procesos HDR agradecen que el número de tomas sea impar, de forma
que haya una toma "central" de referencia.
Cuantificación exponencial
Para combinar las tomas sin perder información, hay que utilizar
una escala de valores ampliada. Es frecuente que se duplique la profundidad de
bit. Así se hace en los cálculos de renderizado con imágenes 3D y realidad
virtual:
Un punto P presenta unas características de color, opacidad y
reflectancia que son su información propia. Pero la luminosidad recibida
desde cada dirección es diferente, y varía cuando el punto de vista V se
desplaza. Es preciso registrar, según coordenadas esféricas, la iluminación
recibida en P desde diferentes direcciones:
Estos datos se asignan a P en un segundo paquete de bits, que
actúa como exponente al que se eleva su valor propio.
En fotografía HDR, esta información añadida se utiliza para
relacionar el valor del píxel con el nivel de exposición de la toma. La
técnica es reciente y no se puede aún hablar de una manera estándar de
gestión de datos por parte de los programas.
A simple vista, parece excesivo duplicar una imagen de 16 a 32 bits
cuando no hay que hacer cálculos espaciales ni considerar diferentes
iluminaciones, sino sólo la variación de exposición.
En todo caso, la escala ampliada establece un rango dinámico
teórico muy superior al de cualquier espacio de color usual, para introducir
en él la información de todas las tomas y calcular cuál es el valor de cada
píxel.
La primera dificultad es el control visual del proceso, ya que
ningún monitor puede visualizar todos los valores que hay en la imagen
combinada. Lo que vemos habitualmente es una fotografía demasiado dura y
contrastada.
Así pues, un poco "a ciegas" debemos pedirle al programa
que haga un mapeado tonal de la imagen para adaptarla a una escala visible en
el monitor. En teoría, lo único que está pasando es que, de una escala muy
graduada, hay que convertir a otra con menos valores discretos:
Sin embargo, a nuestros ojos, lo que se hace es reducir el alto
rango dinámico al de los espacios de color habituales, adaptados a las
limitaciones de monitores e impresoras. Esto es lo que se llama convertir una
imagen de alto rango (HDR), en una de bajo rango (LDR):
En la primera fase, el usuario casi no interviene. El programa
puede leer los datos EXIF de las fotos y actuar en consecuencia. En la segunda,
sin embargo, se nos permite un control sobre la compresión del rango.
Algunos aspectos son los habituales controles sobre recorte de
negros y blancos, curva tonal o profundidad de bits de salida. Otros, más
característicos de este tipo de procesos, regulan la proporción de contraste
local frente al zonal o global.
Sin mejorar el contraste local, perderíamos en muchos puntos gran
parte del detalle que alguna de las tomas fue capaz de registrar y que no
tendríamos dificultad para ver con nuestros propios ojos en la escena. Los
operadores del mapeado tonal tienen en cuenta la dinámica de la adaptación
visual, actuando tanto en el dominio de las frecuencias como en el del
gradiente.
Una forma -quizás muy simple- de entender el gradiente es pensar
en valores relativos, en lugar de absolutos. Veamos una secuencia de valores
en una escala de 0 a 10:
La primera fila de números muestra los valores absolutos; la
segunda, los relativos. Si vemos estos últimos como absolutos, tendremos un
mapa de gradiente (segunda fila de píxeles), que también se puede visualizar
invertido (tercera fila).
Podemos, por tanto, tener una segunda imagen en la que el valor del
píxel refleja cuánto destaca en su entorno. Es algo parecido a lo que hace
un filtro de hallar bordes:
Esta información puede influir en el mapeado tonal, conservando el
detalle fino. Lo hace, sin embargo, potenciando el contraste local, siempre en
detrimento del global, que es indispensable para que percibamos correctamente
el espacio, los volúmenes y las distancias de la escena.
Precisamente, si algo hemos visto en exceso al popularizarse el
proceso HDR, son fotografías planas e irreales, en las que se ha destacado el
contraste fino de forma indiscriminada.
Photo Quote: A good picture is equivalent to a good deed. -Vincent Van Gogh