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SuperCCD: los ocho lados de Fuji

 

El mercado de las cámaras digitales se reparte mayoritariamente entre la tecnología CCD y los sensores CMOS a la hora de capturar las imágenes. Sin embargo, algunos fabricantes han desarrollado a partir de los mismos principios sus propios sistemas y los han implementado en determinadas cámaras. El SuperCCD de Fujifilm es, desde hace ya unos cuantos años, uno de los más conocidos e implantados. Por Iker Morán

Basándose en la misma tecnología que emplean los CCD y los CMOS, el resto de tipos de captores digitales se plantean como variantes de estos dos sistemas. Aunque algunos replantean cuestiones tan vitales como la captación del color, otros dan por bueno el funcionamiento de un CCD convencional, pero modifican la forma y la distribución de los fotodiodos en la superficie del sensor. Éste es el caso del SuperCCD.

Octógonos

Fujifilm introdujo algunas pequeñas variaciones dentro de un proceso muy similar. Mientras que en el resto de sensores las células fotosensibles encargadas de captar la luz son cuadradas, la marca decidió emplear fotodiodos octogonales.

Aunque parezca un detalle sin demasiada importancia, la explicación de Fujifilm es bastante sencilla y permite entender los motivos de esta decisión.

Dentro de la superficie del sensor, además de la parte ocupada por los fotositos (del inglés "fotosites") existe otra serie de componentes dispuestos para recoger la carga eléctrica, transportarla hasta el conversor, alimentar el dispositivo… Por tanto, la superficie útil del sensor queda reducida notablemente.

La misma regla que servía para la película de haluros de plata es valida en fotografía digital. Mayor superficie sensible a la luz equivale a mayor cantidad de información capturada. Ocurría con las películas de formato medio o las placas respecto al paso universal, y sigue ocurriendo con los sensores de silicio.

De este modo, lo que interesa es aprovechar al máximo el espacio del sensor para que, dentro de él, las zonas de silicio que son las que responden a la luz ocupen la mayor superficie posible.

© Fujifilm

En lugar de los fotodiodos tradicionales, el SuperCCD de Fujifilm emplea fotositos octogonales que consiguen optimizar la superficie sensible del sensor.

Con este razonamiento, Fujifilm llegó a la conclusión que creando celdas octogonales dentro del sensor e inclinando estos fotodiodos 45 grados se optimizaba el aprovechamiento de la superficie.

Y, lo que es más importante, este cambio repercutía directamente en la calidad de la imagen. No tanto en la resolución de la misma -el número de píxeles efectivos no se veía necesariamente beneficiado-, sino en la mayor sensibilidad del sensor y -consecuentemente- en la aparición más tardía del ruido en las imágenes.

Generaciones

La Fujifilm FinePix S2 Pro es posiblemente uno de los mejores ejemplos de las ventajas que la tecnología SuperCCD proporciona en cuanto a la mayor sensibilidad del sensor.

Durante un tiempo bastante prolongado -teniendo en cuenta el ritmo de la imagen digital- se estableció cierta estabilidad entre tres réflex digitales de 6 millones de píxeles: la citada S2, la Nikon D100 y la EOS D60 de Canon.

Aunque tecnológicamente cada una de ellas apostaba por un tipo de sensor (SuperCCD, CCD y CMOS, respectivamente) la verdad es que con copias en la mano costaría mucho apreciar las diferencias entre ellas, al menos en la mayoría de las situaciones.

La FinePix S1 Pro de Fujifilm fue la primera réflex digital en implementar un SuperCCD en el año 2000. La FinePix 4700, presentada conjuntamente, fue la primera compacta en optar por esta tecnología.

No obstante, y pese a que las ventajas que cada fabricante se encarga de exaltar son sólo evidentes cuando se pone a prueba la capacidad del sensor en situaciones muy determinadas, sí es cierto que la FinePix S2 Pro respondía mejor cuando la velocidad ISO empezaba a complicar la toma.

Antes de que esta SLR llegara al mercado en el 2002,el SuperCCD ya llevaba dos años en el mercado. La presentación oficial tuvo lugar en 1999 y el estreno en mayo de 2000, con la compacta FinePix 4700 y la réflex FinePix S1 Pro, que marcó las pautas que después seguirían sus herederas.

La segunda generación -Fujifilm utiliza esta nomenclatura generacional para marcar la evolución en la tecnología SuperCCD- llegó en 2001, haciendo hincapié en la resolución del sensor, según explica la propia marca.

Rango dinámico

Si de la tercera edición del SuperCCD la S2 Pro fue el modelo más conocido, el salto a la cuarta generación tomó cuerpo en la vigente FinePix S3 Pro de la marca.

Llegados a este punto, Fujifilm optó por ofrecer dos versiones de este SuperCCD: HR, con resoluciones muy altas, y SR, que permite captar imágenes con un mayor rango dinámico, esto es, con una gama de tonalidades más amplia.

© Fujifilm

El SuperCCD SR original integraba en cada celda dos elementos sensibles. La versión SR II, utilizada en la FinePix S3 Pro, aumenta el tamaño del sensor R y coloca el sensor S en los espacios libres entre cada celda.

La modalidad HR, al igual que otras generaciones anteriores del SuperCCD, se ha empleado en cámaras digitales compactas (la FinePix F410 fue la primera de ellas), aunque las opiniones son divergentes respecto a la eficacia de este sistema cuando se implementa en un sensor de tamaño pequeño.

Esta cuarta generación se basa en la inclusión en cada celda octogonal de dos fotodiodos. Uno de ellos se encarga de la captación de la imagen, mientras que el segundo módulo es el que permite ampliar el rango dinámico -hasta tres veces respecto a la tercera generación de sensores- captando información en aquellas zonas complicadas donde un CCD estándar teóricamente no llega.

Aplicada primero en la FinePix F700, esta estructura sufrió una ligera modificación antes de incorporarse en la FinePix S3 Pro. El nuevo SuperCCD SR II mantiene los dos elementos de la configuración original, pero en lugar de incluir los dos en la celda, colocó el más pequeño en los espacios libres entre cada uno de estos fotositos.

Interpolaciones

Relacionado con esta cuestión, la interpolación es quizás el lado más polémico que siempre ha acompañado a este tipo de sensores. Desde la S1 Pro, Fujifilm ha demostrado tener cierta afición a crear algo de confusión sobre cuál es la resolución real de sus cámaras y cuál es la interpolada.

Así, aquella primera SLR montaba un CCD de algo más de 3 megapíxeles que ofrecía imágenes de 6 millones de puntos. Algo similar ocurre con esta cuarta generación, donde la marca se empeña en sumar los elementos S o H con los elementos R para hablar del resultado como la resolución real de la cámara. Algo con lo que muchos usuarios no acaban de estar del todo de acuerdo.

La evolución de los sensores Super CCD en su 4ª generación tiene en la Finepix S3 Pro su mejor exponente. Concretamente la cámara emplea un Super CCD SR II.

Lo mismo ocurre con la S3 Pro, aunque el hecho de que los dos elementos no ocupen una misma celda complica algo más la cuestión. Según algunos, se trata en efecto de un sensor con 12 millones de píxeles. Otros, por el contrario, defienden que el sensor tiene 12 millones de fotodiodos que generan archivos de 6 millones de píxeles que son interpolados -con gran calidad, gracias a las propiedades de este tipo de sensor- para ofrecer las imágenes de 12 millones de puntos que publicita la marca.

Sea como fuere, lo que está claro es que la apuesta de Fujifilm por su propia tecnología seguirá dando que hablar y marcando un camino alternativo al binomio CCD y CMOS.

Iker Morán

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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